Para los ribereños, el Sella ha formado parte sustancial de sus costumbres, su gastronomía y, hasta hace no muchos años, también de su economía.  La fisonomía del río no es inamovible, se adapta y evoluciona. Estas alteraciones han transformado su paisaje visual y manifiesta la complicidad del Sella con la pesca. 

 

Cuando se camina por su ribera, en lugares y momentos diferentes, el río nos habla de forma desigual, el sonido de su corriente, la profundidad de su caudal, la transparencia de sus aguas … Tiene su propia vida. También es una ruta para conectarse con la gente que vive junto al río. 

 

La vinculación del Sella con la pesca del salmón se remonta a cientos de años. Se trata de un río de verdad y merece, como señalaba Inge Morath del Danubio, el nombre y la consideración y respeto que un gran río recibe. 

 

En nuestros días, el número de capturas se ha reducido considerablemente. Sin embargo, los ribereños continúan manteniendo una estrecha relación con el río.